Y tú, ¿de qué libro vienes?

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Bienvenidos a los tiempos difíciles, me decían.

Si es jodido no amar, imaginaos hacerlo. Tienes el jodido arrecife dentro y solamente esperas a que pase otra bajamar en forma de beso para esclarecerte. Aquí ya no sirve eso de quedarte como una estatua debajo de la inmensidad esperando a que pase algo, cuando realmente los únicos que pasan son los poemas y tú envejeces.

Hoy me han dicho que si estaba enamorada. Es curioso ver como, cuando dejas de escribir sobre el desamor y sus manías, ya tienes adjudicado el juicio a una costa procesal con nombre y apellidos.

Lo reconozco. Tal vez no esté enamorada pero ahora sí que sé que es eso de beberte la copa desde el filo y saber a gloria. Tal vez esté entrando en una guerra mundial y me vuelva a pasar eso de afiliarme a bombas con destino a marcar paraísos de tanta combustión y capítulos héroes de sábanas blancas en la cama, con alguien que, tal vez, sí que tenga ese arrecife en los ojos.

No soy la más experta en eso de pedir entrada a una espalda siguiendo una ruta ni tampoco eso de esperar en la cola de una taquilla, agarrada a alguien, y parando el reloj de la vida.

Es difícil abrirse las heridas para que entre algo de beso cuando hace tiempo que querías cerrarlas. Como tu vida se convierte poco a poco en una canción de Niños Mutantes y es ahí cuando realmente sabes que algo ha cambiado.

He visto libros manchados con carmín en la comisura de la página y no han sabido querer de verdad. Páginas con índices atascados que intentan seguir el verso y lo único que hacen es pararse a medio texto. Libros que dicen ser difíciles cuando realmente lo único que quieren es una historia de verdad que sepa impresionarles.

He visto gente caer y gente caída que ha sabido levantarte mejor que cualquier poema. Gente con brillo en los ojos que hace que las miradas sí que valgan la pena. He visto poesía en algunas manos y, sí, no me podéis pedir que no las agarre si alguna vez las tengo cerca.

Es verdad que os he repetido miles de veces que soy un jodido desastre que nadie entiende. Tal vez eso de tanto escribir sobre el amor me ha hecho no ser entendida por nadie. O seré yo que eso de que alguien me entienda me descoloca un poco.

Sí, no soy perfecta ni tampoco la que mejor sabe escribir de estas cosas. Pero si algo, aunque sea alguna mísera vez tengo que hacerlo, lo hago.

Con el paso del tiempo he aprendido que al igual que las cartas pueden llegar a tiempo, las entradas que tienes en la mano también pueden caducar y quedarte sin ver la función.

Que eso de que la vida se ve mejor agarrada de la mano de alguien tal vez sea verdad. Pero a través de las pestañas de alguien que lee, es mucho mejor.

Que aprendas a jugar en la ruleta de eso que se llama amor propio y luego únete si quieres a alguien. Que tampoco está nada mal eso de enamorarse, ni tampoco de leer libros nuevos.

Así que dime, como siempre acabo cualquier texto.

Tú, ¿qué libro quieres?.

 

 

 

 

 

 

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