Del amor no se sale, y de la poesía, tampoco

IMG_2372”Tocada y hundida”, dijo la jugada.

Y es que ya lo sabíamos todos. Del amor no se sale, y de la poesía mucho menos.

Nosotros éramos una bonita forma de complicarnos la vida sin entendernos. Éramos el miedo al monstruo, lo pasado de moda y el fuera de temporada. Éramos polvo en estantería pero sabíamos perfectamente la forma idónea de hacerlo. Éramos el territorio conquistado a nombre de nadie. Las alas. La inocencia.

Digamos que con él cualquier persona con un poco de pérdida de cordura amaba las ventanas. Era la forma de tomar aire al filo de una repisa y de ver el cielo sin tocarlo. La forma de decir, joder, que cabrón, ha sabido echarme al vuelo.

Sí, era la mezcla más explosiva que un poeta podía llegar a escribir.

Es verdad que he visto mareas más bonitas y destructivas que sus ojos. Vuelos con más coordinación a un paraíso y con la literatura en la punta de la boca como arma de filo y blanca. Pero siempre prefería apuntar con sus manos.

Éramos la forma en la que el destino nos decía que éramos los créditos de una bonita película, en donde el mejor cinéfilo se quedaba para leerlos. La forma más bonita que tenía el hijo rojo de ahogarnos y decirnos que las cosas a veces no son tan fáciles ni tan bonitas, pero son, y perduran. Éramos el amor de París, los versos de Neruda y la magia de su sonrisa.

Era bitácora en una cama con sábanas blancas, en donde yo me declaraba perdida y con vida en otros mares. Su cintura era la forma más bonita en la que estar en cubierta no daba tanto vértigo y eso de echar 4 polvos al día era la mejor forma de guiar a la aguja náutica a una velocidad que nadie sabía llegar.

Digamos que hemos sido el arma más complicada sin seguro en el gatillo. La bala que traspasa un folio escrito con sus besos y otros poemas incuestionables. Éramos la atracción de dos polos opuestos que eran a la vez muy iguales.

Eso de soñar como seríamos no se me ha dado tan mal. He llegado a crear mejores historias que las que mis ojos han podido ver a modo de escena en blanco y negro, en donde los protagonistas se quedaban mudos sin saber qué amar.

Sí, querido, eras aún en historias inventadas con dirección a un sueño por cumplir y con la poesía en los ojos en modo de advertencia a otra forma de ver el mundo.

Pero recuerda,

aún en ocasiones,

siempre contigo.

 

 

 

 

 

 

 

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